Cada paso
que das manchado de sangre, su muerte te hace esclavo, su muerte te hace
prisionero de tu capacidad de ver lo que te rodea como te es más fácil, no
puedes escuchar sus gritos, no puedes ver su dolor, tampoco eres capaz de ver las cadenas a las que tú mismo te
aferras. Somos nosotros mismos quienes creamos las ideas que de las que luego
somos víctimas nos gusta vivir sin mucha bulla, vivir en silencio. De cabezas
nos alimentamos, de muertos a nuestro alrededor. No podemos ver mas allá de nuestro
alimento, la agonía que sufren miles, violados, separados de sus familias, de
su hogar, encarcelados en oscuras celdas
para nuestro goce, para satisfacer nuestra sed incansable de sangre…para por un
segundo creernos superior antes de volver a nuestra realidad a la realidad que
nos impulsa a legitimar la violencia sobre nuestros hermanos. Frente a esto la
lucha por la liberación animal y humana no es más que un intento por
revitalizar nuestros corazones casi muertos de violencia, frialdad e ignorancia.

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